dilluns, 29 de desembre de 2008

SE ASAN ANIMALES

Article de Ruth Toledano publicat a El País el 26/12/08:

Como se acercaba el 25 de diciembre, fun fun fun, nos fuimos al norte de visita familiar prenavideña. En los tejados y los rincones de la ciudad aún quedaba una espesa capa de la nieve que cayó hace unos días. La mañana era fría, pero lucía un sol espléndido y salimos a pasear. Pasamos primero a comprar pan, a la vuelta de la esquina, porque dijeron que ahí era muy rico, de horno de leña o algo así. No entramos. En la puerta de la tahona habían pegado un cartel: "Se asan animales". Todo en mayúsculas. En ese momento, una señora abrió esa puerta, con una baguette en una mano y, en la otra, la correa de su Yorkshire, que salía vivo. Juro por mis muertos de muerte natural que ella llevaba un abrigo de visón. Volvimos a mirar el cartel: "Se asan animales". Todo en mayúsculas y con una caligrafía escalofriante.
Sentíamos lo que sentimos siempre nosotros, los vegetarianos, ya nos
conocen: repugnancia y tristeza. Pero además un profundo desconcierto: nunca
habíamos visto eso que rechazamos expresado de manera tan cruda. Quizás
habíamos pasado ya, sin prestarle atención, por delante de un restaurante
con un gran cartel que dijera "Asador"; de hecho, ya nos habíamos detenido
ante el escaparate de una tienda con productos delicatessen, exquisitamente
decorado, en el que las piezas de fruta más seductoras y las bebidas más
escogidas se mezclaban con fiambres y foies cuyo cruel origen estaba
convenientemente disfrazado de lujo y distinción. Acostumbrados a ciertas
imágenes y a determinadas palabras, dejamos de ver lo que significan: siendo
lo mismo, el escaparate del gourmet disimulaba con finura lo que el cartel
de la tahona nos había mostrado en su más grosera naturaleza.


Pero estábamos de visita navideña a la familia ("tengamos la fiesta en
paz"), así que continuamos nuestro paseo con toda la placidez que nos
permitieron las imágenes que seguían asaltándonos ("Se asan animales": y no
veíamos sólo corderos y conejos y cochinillos -animales-, sino también
yorkshires y labradores y bulldogs franceses -animales- y gatitos siameses y
atigrados y de angora -animales- y hurones y hámsteres y periquitos
-animales-. Yo los veía a todos haciendo cola, algunos con sus collares y
sus correítas, muy formales, en fila como quien va a llevarse una baguette,
esperando su turno para ser asados en ese horno de leña o de algo así donde
es famoso el pan porque sale riquísimo). Entonces nos llevaron a ver el
Belén gigante. Con su José y su María y su niño, como es natural; y sus
hilanderas y sus pastores y sus campesinos y sus soldados y su molino con
agua corriente de verdad. De verdad eran también unas ovejas de cara negra
que asistían a su propia escena con envidiable serenidad y unos ponis de
pelo largo que estaban atados dentro de un cercado y daban la espalda a los
niños que los observaban con admiración, ignorantes, porque ninguno de los
adultos presentes se lo contaba, de 
que aquel corderín tan mono y que daban
tantas ganas de abrazar quizás iba a ser asado por la tarde en la tahona

donde se compran las baguettes. Yo tampoco dije nada ("tengamos la fiesta en
paz").

Hace pocos días la policía desmanteló un matadero clandestino en Villarejo
de Salvanés. No lo hizo porque dieran ganas de abrazar a las ovejas y a sus
bebés sino porque los tres miembros de la misma familia que fueron detenidos
estaban haciendo el agosto navideño distribuyendo en toda la Comunidad de
Madrid corderos, para asar, sin control sanitario ni veterinario, sin
registro ni medidas higiénicas e incumpliendo las más mínimas normas de
"sacrificio". Para estas fiestas tan entrañables, el matadero mantenía una
intensa actividad: dentro de la nave había más de un centenar de cadáveres y
otros tantos corderos vivos esperando su turno, nos podemos imaginar que en
un ambiente distinto al del Belén gigante que hacía las delicias de los
niños. Por 200 euros, a su vez, podía usted hacerse con un cerdo completo en
el matadero ilegal de Colmenar Viejo que también ha desmantelado la Guardia
Civil. Medicados con antibióticos caducados y alimentados con leche podrida
pero, cómo no, convenientemente troceados si ese era el deseo de usted.
Dicen que 
en el momento de la detención había seis cochinillos, es decir,
seis cachorros, listos para matar
 y que "la manipulación" se realizaba de
cualquier manera. Lo cuento porque supongo que a los carnívoros les
interesarán estas informaciones, aunque por distintos motivos que a mí. Pero
la vida sigue, también para los vegetarianos, así que, feliz Navidad. Y si
ustedes creen que he pretendido amargarles el pavo, están en lo cierto: era
mi intención. Para que tuviéramos la fiesta en paz.

MI FAMILIA Y OTROS ANIMALES

Article de l'animalista i artista Xavier Bayle (http://xavibayle.blogspot.com/):

Hace unos semanas coincidí en una comida familiar donde la casi totalidad de los platos servidos estaban compuestos de carne o pescado, huelga aclarar que aquello más que una mesa aparentaba a mis ojos un campo de batalla. Durante el ágape, aprovechando la concurrencia estrepitosa y el jolgorio consanguíneo se expuso a debate el apasionante tema del próximo atracón, bajo la coartada de celebrar el nacimiento de Jesucristo, ocasión que el mundo rico aprovecha a golpe de paga doble para desoír sabiamente las palabras de amor de un profeta, lanzándose a un inmenso e impúdico asesinato masivo de los suculentos seres que compondrán los platillos de gusto de estas fiestas navideñas. No hay nada más desalentador para una activista por la liberación animal que tener que escuchar la penosa jerga dialectal y la repugnante miseria emocional que
supone designar las condenadas, escuchar con qué gracia y golosía todas las asistentes exponen sus flaquezas, sus desvaríos, sus insoportables sorderas a los gritos desesperados del sufrimiento animal, para hacer de
una incalculable vida sintiente, doliente y deseosa de seguir viviendo el simple ingrediente de una desmesurada e inútil ingesta. Huelga aclarar que cualquiera de las tímidas propuestas gastronómicas alternativas hechas sin necesidad de matar fue sistemáticamente ignorada sin vacilar un instante.



Para qué pensar pudiendo deglutir. Para qué pensar con el cacumen pudiéndolo hacer con el aparato digestivo.

Si la charla de marras a la que aludo la llevásemos a estratos morales, éticos o filosóficos, tendría una cierta similitud con lo que en etología social tradicionalmente designaríamos como pocilga o jauría, es decir,
animales despedazando con palabra u obra los órganos vivos y calientes de otros animales no muy distintos a nosotras, las humanas. Pero eso es mucho extrapolar, porque de hecho jamás los cerdos o los perros llegarían ni de lejos a las cotas de maldad criminal, tan terrible como imperceptible, que alcanzan las charlas sobre gastronomía, ni por supuesto los actos posteriores que de ellas dimanan.

Décadas después sigo en el proceso de lograr comprender la doble moral humana, que despelleja o acaricia según el recipiente, según el sujeto que a mano se tenga. Entiendo los mecanismos de la venganza o la desesperación en la sociedad, situaciones extremas en las que podríamos llegar a matar, pero nada más distante de una muerte con argumentos pasionales que la vivisección minuciosa, alevosa y premeditada de las venideras fiestas de Navidad, donde las trinchadoras se convierten en armas de destrucción masiva y la inercia de una masa embistiendo los escaparates con sus exigencias consumistas suple cualquier atisbo de verdadera paz y armonía.

El orígen de estas fiestas, dícen las que entienden.

En otra vida he introducido caracoles en una olla con agua y los he puesto a fuego mínimo, al sentir el calor extremo poco a poco conquistando el medio han emergido todos invariablemente de sus conchas donde aterrorizados se escondían, han trepado por las paredes de la cacerola intentando huir de la temperatura ya insoportable, tenían extendidos todos sus órganos táctiles, y yo les he puesto la tapa de la olla encima para que no escaparan. HE sido cruel para saciar mi paladar, me importaba poco si tenían tales o cuales propiedades alimenticias, buscaba su sabor, como todas las carnívoras ( y miente quien aluda cualquier otro razonamiento).
Miles de animales HE matado con mis propias manos, si existe un infierno iré allí. Pero HE dejado de hacerlo y, sintiéndolo, conociendo el tema en mis carnes, he decidido no matar. Lo hacía porque me enseñaron a ello,
pese a toda la fuerza de voluntad que una pueda poner en hacer el bien nos engañaron, nos estafaron la juventud, la familia, las amigas, nos dijeron que eso estaba bien porque así les educaron, y en definitiva porque SÓLO eran caracoles, peces, cangrejos... nada: recursos, ingredientes. Ya no me es posible de ningún modo aceptar que pueda ser bueno un valor educativo que contemple cocer a fuego lentísimo sensibles animales que chillaron mudos una agonía indescriptible, y que lucharon hasta el último segundo por acabar con ella, porque entonces cada animal torturado es un héroe y cada ser humano carnívoro, una asesina.

Pero qué pasa, por qué los cambios. ¿Acaso yo soy más inteligente?, ¿más sensible?, ¿por qué no lo hago ahora y entonces sí lo pude hacer?.

Supongo que cuando una se sume en un letargo soporífero postdigestivo tan denso insufrible e insano como el del carnivorismo, el cómo llegó el alimento al plato deja de pesar e importar. Pero si pensamos para jugar,
para trabajar, para establecer relaciones, para amar, para crear, si pensamos para todo ello, ¿por qué no pensamos para comer?.

No se me va a olvidar apuntar que si todos los componentes de la familia que se lanzaban a escoger sus predilecciones gustativas en oposición con el derecho y deber de vivir de los animales tuvieran que matar con sus
propias manos la ternera asustada de mirada dulcísima propuesta para el menú, el bacalao huidizo, o tuvieran caso que trepanarle el hígado caliente todavía del animal trémulo y expirante, mi familia en pleno se
plantearía muy seriamente el vegetarianismo o el veganismo. Pero sucede que siempre hay mercenarias que se encargan de esas labores, mentes sucias de manos sucias y distancia moral al servicio del dinero.

El dinero, que come sociedad y caga personas. Y viceversa.

Mi familia y yo, advierto, hemos dejado de coincidir en ciertos códigos cifrados de caracterizan toda relación parental, las discusiones se multiplican con el transcurso de los años, y el metalenguaje de la afinidad que el trato cercano otorga a las componentes de una determinada tribu se diluyen y analfabetizan por innumerables caminos, por un amasijo de impotencias que entablan eternos combates con la pereza y el hedonismo.
Entonces una se siente como en aquellas familias de la Guerra Civil Española, divididas entre ideologías republicanas y nacionales, y que se mataban en distintas posiciones de distintas barricadas, con la salvedad
de que aquí no nos disparamos entre nosotras, aquí hay inocentes que revientan para que algunas celebren. Y la carnicería final, creedme, es la misma.

Eso de la dieta basada en deforestación, calentamiento global, destrucción de microeconomías campesinas, explosiones cardíacas a cuenta de la contribuyente, cánceres, impiedad, egocentrismo, infantilismo y otras
lacras, es decir, eso de la dieta carnívora, hace muchas décadas que ha pasado de ser una opción individual, una mera resolución íntima e incluso espiritual, porque los efectos que está consiguiendo lo que llamamos
cadena alimentaria nos está matando, incluso a las que ya no expoliamos animales. Esto del carnivorismo compulso es una enfermedad sociológica que no va a tener un estudio imparcial e independiente dado que la mayoría de sociólogas, psicoterapeutas, analíticas de las adicciones, oradoras y legisladoras son eminentemente carnívoras ( llamarlo omnivorismo es un insulto a la inteligencia ); lo cual se suma la inercia social, la cual
funciona como la del culto a dios en muchas sociedades, el del dinero en casi todas o la devoción a la svástica invertida que las nazis profesaban, algo tan severo como natural.

La gente no sabe vivir, es feliz en términos microscópicos, con la calderilla que supone un día sin el horror ni las claudicaciones cotidianas. Pero el horror está ahí aunque no se aperciba a simple vista, de modo que esa aceptación de la mediocridad implícita como modo de éxito forma la parte más esencial del horror. La gente es un ser humano común, construido a base de pequeños -y grandes- horrores y mediocridades, hijo de ellas. Así la gente se convierte en seres humanos frustrados. Un ser humano frustrado a diferentes gradaciones se alcoholiza, se atraganta de carne, asesina a un gato, troncha un árbol, a una persona o a una raza designada, entonces el recipiente vulnerado y el acto de la vulneración se convierten solamente en un efecto, no en una causa. El problema de la frustración persiste, y ahí hay que debatir, en el no tener ni idea de vivir, de cómo educar que tiene la sociedad y la gran mayoría de las educadoras.

El factor diferencial del ser humano, en oposición al del resto de las faunas que habitamos el planeta, es que tiene elección, puede decidir qué comer. Y cuando no puede decidir qué comer porque su nivel adquisitivo es
nulo y depende de limosnas entonces el consumo de carne sigue siendo -doblemente-, un lujo idiota.

Los animales no humanos en cambio no tienen elección, se mueren de ser matados, en sillas de xperimentación, en coliseos abarrotados de "óles", en los tornos donde serán despellejados vivos, en minúsculas jaulas de
poneduría de huevos, y acabarán sin elección en enormes tolvas trituradoras, en bolsas negras camino a la incineradora, en máquinas transformadoras de materia viva en piensos de engorde, en vitrinas con un precio hincado, en ollas, cacerolas, sartenes y hornos para santificar las fiestas en honor a un dios lejano, muy lejano, demasiado lejano para ser cierto.


Amar es liberar, la liberación animal incluye la nuestra.
Xavier Bayle

dijous, 18 de desembre de 2008

PUNTS FIXES DE RECOLLIDA DE SIGNATURES

Aquests són els punts de recollida de signatures que de manera permanent estàn disponibles per a la Iniciativa Legislativa Popular a favor de l'abolició de les corrides de toros a Catalunya:

dimecres, 3 de desembre de 2008

SOY TONTA

Article d'Ángeles Caso publicat al diari Público el 02/12/08, com a resposta a les paraules del Defensor del Pueblo Enrique Múgica en que qualificava els antitaurins de ximples.


Resulta, señor Múgica, que soy tonta.

Soy tonta porque, aunque me interesa tanto todo lo que tenga que ver con la estética que incluso estudié Historia del Arte, la de los toros me parece rancia, tirando a cursi y desbordante de una repugnante testosterona.

Soy tonta porque siempre les he oído contar a los campesinos de mi tierra que las vacas mugen desesperadas en el momento en que están sacrificando a sus terneros en el matadero. Porque mi larga convivencia con perros y la observación de otros animales me ha hecho llegar a la conclusión de que los mamíferos tienen sensaciones y hasta sentimientos. Y porque los científicos me han hecho saber que el sistema neurológico de los toros es muy parecido al nuestro y, por lo tanto, padecen el mismo dolor que padecería yo misma de tener que soportarencierro, acoso, lanzadas, banderillas y estocadas.

Soy tonta porque mi compañero de columna Manuel Saco me ha informado de las muchas barbaridades a las que son sometidos antes de ser empujados a la plaza. Porque me desagrada que cualquier ser vivo tenga que sufrir torturas.
Porque me indigna que esas torturas se conviertan en motivo de alegría, jarana, admiraciones y olés. Y porque me preocupa la salud moral de mis congéneres capaces de disfrutar con la agonía de un animal. También soy tonta porque me ofende que a ese horrible espectáculo de dolor y sangre lo llamen fiesta. Y, para colmo, fiesta nacional, como silos tontos que lo detestamos no fuéramos de aquí. Y soy tonta, señor Múgica, porque me alegro de que usted, taurino, nos desprecie a nosotros, los antitaurinos, y se permita, desde su alto y noble cargoinstitucional, poco menos que negarnos el pan y la sal. Pero me temo que los tontos somos cada vez más. ¡Vaya país!