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dimarts, 29 de març del 2011

MANIFESTACIONS EN CONTRA DEL MALTRACTE ANIMAL

Un total de 57 ciutats d'arreu de l'estat espanyol s'han manifestat en contra del maltractament animal i per demanar l'enduriment del Codi Penal pel que respecta als animals de companyia, així com per aconseguir l'adhesió d'Espanya al conveni europeu de protecció d'animals domèstics.



Algunes entitats de defensa dels drets dels animals no han signat el manifest ja que, el conveni europeu contempla, entre altres coses, la possibilitat que les administracions estatals decideixin reduir el número d’animals assilvestrats mitjançant la captura i mort d’aquests. El conveni permetria aquestes accions quan l’administració ho consideri inevitable dins del marc de programes de control de malalties i també quan el número d’animals abandonats representi un problema per a l’administració. També deixa clar que ha de ser de forma que no els causi dolor, patiment o angoixa, però no especifica quin és el mètode que permet acabar amb la vida de cap individu per motivacions administratives sense que al individu al qui se li pren la vida li causi angoixa.

A Barcelona, la manifestació ha concentrat prop d'un miler de persones i en el comunicat que s'ha llegit al final de l'acte, les organitzadores han assegurat que cap ciutadà espanyol ha ingressat a presó per un delicte de maltractament animal, destacant que les conductes contra els animals sovint no són denunciades, controlades ni jutjades amb la gravetat que mereixen.

A Madrid, Ruth Toledano ha llegit el manifest final de l'acte destacant el cas d'Schnauzi, el gos que va ser torturat fins la mort pel seu maltractador i que ha estat el detonant de les concentracions i el símbol de repulsa de la societat contra la crueltat cap als animals. La periodista ha definit l'origen del maltractament en la cosificació dels individus d'altres espècies, en la falta d'empatía i compassió i en la manca de respecte al diferent, trets que són comuns a la violència sexista, a la xenofòbia i a l’especisme.

dissabte, 16 d’octubre del 2010

"LA CULTURA DEL ERUCTO"

Article de Ruth Toledano publicat ahir a El País:

"Es lo mismo que igualar una melodía de Mozart con un eructo". No se podía haber expresado mejor que como lo ha hecho la portavoz de la Coordinadora de los Verdes de Madrid, Cristina García Moreno: el acuerdo para que las competencias de los toros sean traspasadas del Ministerio del Interior al Ministerio de Cultura "es un insulto a la verdadera cultura". Semejante acuerdo ha sido alcanzado entre el ministro del Interior, el autodenominado socialista Alfredo Pérez Rubalcaba, y un grupo de hombres, autodenominados matadores, a quienes unos trajes y unas corbatas a todas luces falaces no servían ni para atenuar el sentido de la primera acepción de la palabra matador que recoge el diccionario de la RAE ("Que mata") ni para disimular el sentido de la tercera ("Muy feo, extravagante, de mal gusto"), hombres de esos que para las fotos con ministros se plantan muy tiesos ante la cámara, como si fueran hombres rectos y no matadores, y abren demasiado las piernas, haciendo gala de la chulería postural propia de los matadores y no de la presencia de hombres de una pieza que pretenden así. Generalmente, y para simular una formalidad imposible en un matador, se tapan la entrepierna con las manos enlazadas, a modo de concha protectora y como si se tratara de un gesto preventivo de terribles tormentos, acostumbrados como están a que a un individuo que agoniza a sus pies se le corte alegremente el rabo.

"Nos sentimos artistas", dice el matador Manzanares. Como si sentirse algo supusiera automáticamente la posesión de ese algo. Bien, matador Manzanares, tú podrás sentirte lo que quieras o puedas, pero entre lo que uno siente y lo que uno es existe en demasiadas ocasiones el abismo de un delirio: algunos locos se sienten Napoleón Bonaparte, y no lo son; algunos asesinos en serie se sienten dios, y tampoco, ¿verdad? De dios sabéis mucho los matadores, que siempre andáis besando medallitas, antes de entrar a matar, o elevando los ojos al cielo con unas orejas recién cortadas en la mano, unas orejas aún calientes, las orejas de un individuo que agoniza a tus pies. Así que como argumento no nos sirve, Manzanares. Y lo que tiene gracia (bemoles, dirían los de las piernas abiertas, aún desconociendo que la bemol tiene mucho más que ver con Mozart que con el descabello), lo que tiene maldita la gracia es que la impunidad de alguien frente al dolor que le inflige a otro dependa de un simple reflexivo: lo que él "se siente" permite que desprecie lo que el otro "siente".

En fin, delirados hay, como decíamos, en todas partes. Lo delirante es que se les dé bola, como quien dice. Máxime si se la da un ministro de Interior y, no digamos, una ministra de Cultura. Pero la deriva del Gobierno español es tal que hasta confunde a Mozart con un eructo. Después del espectáculo de patio también de luces que el partido autodenominado socialista nos ha dado en Madrid, Jiménez va, Gómez viene, y con la que le está cayendo encima al Ejecutivo, incluida la salva de fachas que se le han alzado a la chepa a Zapatero en la parada militar hispánica, no se les ocurre mejor idea para aportar algo de brillo a su maltrecha imagen que dedicarse a la gastroenteritis cultural: la práctica política del regüeldo. Porque "aunque la tortura se vista de seda, tortura se queda", como señala Marta Esteban, presidenta de la plataforma La Tortura No Es Cultura. Porque de seda se visten los matadores para que brille más el oro que la sangre, pero la de la arena se queda, espesa, derramada, y no hay brillos que la tapen sino areneros que la barren, y que no son precisamente modelos, aunque se vistan de Loewe o Armani, como Cayetano. Sánchez Dragó los representó muy bien en una reciente mascarada goyesca, que se llevó a cabo en la plaza de Ronda: fue barrendero de heces.

Todo esto tendría mucha gracia (no de la de los bemoles, sino de la otra, de la de reírnos mucho con determinadas pintas) si no fuera porque las heces que el Gobierno socialista considera cultura y que se barren en la arena proceden del terror y de la diarrea provocada por los sulfatos que les ponen a los toros en el agua para que salgan a la plaza débiles y desorientados. En la arena, las heces se mezclan con la sangre derramada. La sangre que el Gobierno socialista considera cultura y que se desborda de un cuerpo martirizado para ilustrar a los presentes en el arte de hacer sufrir. No tiene ninguna gracia: supone una involución en el desarrollo de este país. Pero además supone ignorar el sentir de una mayoría ciudadana que no necesita vestirse de comunión y abrirse de patas para defender la obviedad: que los toros y los caballos padecen indecibles sufrimientos físicos y psíquicos, que torturar a un animal, un herbívoro, hasta la muerte es un espectáculo indigno. Los antitaurinos no entendemos cuál es la razón para hacer este traspaso y muchos taurinos, tampoco.

A mí me da en la nariz (¡qué peste!) que es un empeño de la ministra de Cultura, que tiene que dar la cara ante esos amigos taurinos que ven en su mandato una oportunidad de oro y grana. ¿Qué se puede esperar de alguien que escribe: "Los picadores son mi personaje favorito en esta función. Florito, sí. Florito y sus cabestros"? Y Rubalcaba haciéndose la foto con los matadores. Una función, no, esto es un circo romano. Eructo va, eructo viene. Qué asco.

dissabte, 10 de juliol del 2010

"SALVAJADAS"

Article de Ruth Toledano publicat a El País:

Hace poco más de un mes, una España que parecía caerse de un guindo se llevaba, horrorizada, las manos a la cabeza ante el espectáculo atroz de una vaquilla (una niña, en términos bovinos: una ternera de un año y medio a dos años) que era brutalmente apaleada por una horda de bravucones, sádicos jovenzuelos cuyo ensañamiento con la aterrorizada vaquilla, con la niña, fue difundido por los medios de comunicación de todo el Estado: la vaquilla, la niña, incapaz de seguir en pie, pero acaso ansiando aún una remota salida de su infierno, acababa recostada cerca de la barrera de la plaza de toros de Alhaurín el Grande, un pueblo de Granada que celebraba así sus fiestas, y la cámara se acercaba hasta su cara, en la que, entre babas, lágrimas y sangre, quedaban patentes su dolor, su pánico, su soledad y su impotencia.

Ella era una de las seis vaquillas, una de las seis niñas, que en esta ocasión habían sido arrastradas, empujadas, obligadas a participar en tal orgía de crueldad. Una ocasión entre miles, pues la escena anterior se desarrollaba en Alhaurín el Grande como podía haberse desarrollado en uno de los tantos pueblos españoles que se solazan maltratando animales, maltratando vaquillas, maltratando niñas de la especie bovina. Y nada nuevo habría pasado, España no se llevaría las manos a la cabeza si Antonio Moreno, un activista de CACMA (Colectivo Andaluz Contra el Maltrato Animal) de cuyo nombre no quiero olvidarme, no hubiera tenido el estómago, la templanza, el empuje moral de colarse en semejante escenario con una cámara, simulando participar sin reparo de semejante diversión; nada habría cambiado si Antonio Moreno no hubiera tenido bien puesto lo que hay que tener para aguantar entre bestias (no las niñas, las vaquillas, no: los mozos, los machirulos, los machotes, los maltratadores consentidos), para asistir al martirio y para registrarlo hasta el final.

Gracias a este activista, a la vergüenza que puso en evidencia, Alhaurín el Grande prohibió la suelta de vaquillas en sus fiestas y España se cayó del guindo cuajado de salvajadas que son las fiestas populares inscritas en la tauromaquia, es decir, todas aquellas en las que se acosa y tortura hasta la extenuación y la muerte a vaquillas, becerros, novillos y toros. ¿Por qué España no se horrorizó antes, si en una gran mayoría de sus pueblos y localidades se practican crímenes como el descrito?

Por ejemplo, en el municipio madrileño de El Escorial. Entre el 30 de julio y el 3 de agosto (una fecha que ha resultado imposible determinar: ¿por qué una actividad que cuenta con el consentimiento del Ayuntamiento ha de recurrir a la ocultación?, ¿qué esconden?) se celebra, bajo el título de Fiesta de Mozos, Casados y Viudos y en honor de la Virgen de la Herrería (vírgenes y santos, cómo no), una becerrada popular cuya crueldad pone los pelos de punta a cualquiera que no sea un indeseable. De Youtube ha sido retirado un vídeo de la becerrada grabado el 3 de agosto de 2008: un becerro (es decir, un niño: una cría macho de vaca de entre uno y dos años), que se halla, pequeño, desconcertado, inocente, en mitad de la plaza de toros de San Lorenzo de El Escorial, es lidiado por varios vecinos del pueblo, todos ellos aficionados.

En imágenes sucesivas se ve a otros becerritos, a otros niños, pasando por la misma condena: banderillas, espadas y hasta una especie de lanzas o palos que acaban en punzón (quizá sean banderillas que parecen enormes frente a su escasa envergadura), le desgarran el cuerpo. Recibe estocadas en el lomo, en el cuello. El becerro, el niño, sangra por la espalda y por la boca, se tambalea, ni siquiera sabe cómo intentar defenderse. Y, en un colofón que espanta, cuando, exhausto, se desploma en la arena, los bárbaros, los torturadores, se abalanzan sobre él (otros se quedan alrededor, contemplando la escena con los brazos en jarras) y le apuntillan, una y otra vez, no atinan, le tiran del rabo, le sujetan las astas incipientes, insisten en hundir en su nuca un arma asesina que ni siquiera saben manejar. El becerrito, el niño, aún está vivo. Se ve cómo le tiemblan las patas, cómo sufre pequeñas convulsiones. ¿Se imaginan cómo será, de cerca, la expresión de su cara? ¿Se imaginan la súplica de sus ojos? ¿Se imaginan su respiración agónica, desesperada? ¿Acaso no les da pavor?

Todo esto lo consiente cada año el término municipal de El Escorial y se desarrolla en San Lorenzo de El Escorial, que por el hecho de tratarse de municipios distintos, aunque cómplices en su beneplácito, tratan de despistar a los ciudadanos que envían sus protestas, como ha pretendido el Ayuntamiento de San Lorenzo. Pero esos intentos de confundirnos no pueden ocultar su vergonzosa verdad.

La Federación de Protectoras de Animales de la Comunidad de Madrid (FAPAM), Ecologistas en Acción de Madrid y el mencionado CACMA han instado a los alcaldes de ambas localidades a que no permitan que se celebren de nuevo estas becerradas. No son las únicas: especialmente crueles son también las de Chinchón, Manzanares el Real o Los Molinos, como denuncia Matilde Cubilla, presidenta de FAPAM, que exige su prohibición. Mientras tanto, varios niños y niñas de la especie bovina son aún ignorantes del castigo que recibirán este verano por el simple hecho de existir en esta España que no acaba de horrorizarse del todo.

dimarts, 9 de febrer del 2010

"PÁRATE Y MIRA"

Article de Rosa Montero publicat a El País:

Me repito, lo sé. Pero, ¿cómo no hacerlo, si los abusos también se repiten? Últimamente un buen puñado de intelectuales, entre ellos gente a la que admiro, han firmado manifiestos en pro de los toros. Y hace un par de días, El Mundo entrevistó al "eminente filósofo francés Francis Wolff" diciendo lo mismo.

No he leído a Wolff y no sé si es de verdad eminente; pero podría ser la persona más inteligente del mundo y aún así sostener una sandez, porque la costumbre cultural ciega nuestros ojos. Por ejemplo, el grandísimo Kant decía que "el estudio laborioso y las arduas reflexiones destrozan los méritos propios de una mujer", bonita necedad dictada por el machismo de su época. Volviendo a lo taurino, Ortega y Gasset se opuso a la ley de 1928 que implantó el peto para los caballos de los picadores. Antes, los toros evisceraban a media docena de caballos todos los días. Los pobres jacos caminaban pisándose las tripas, escribió Valle-Inclán; se las metían a puñados, les cosían en vivo y los volvían a sacar. Pues bien, Ortega declaró, indignado, que sin eso se acababa la fiesta. Y era un sabio en su tiempo.

Hoy, en cambio, la plaza entera vomitaría si viera algo así, porque por fortuna hemos superado el feroz nivel de violencia de 1928 (que culminaría poco después en la Guerra Civil). Soy hija de torero y sé que las cosas no son simples; como muchos matadores, mi padre adoraba a los animales, y yo fui una buena aficionada hasta que crecí por encima de mi ceguera cultural y pude ser consciente de la carnicería.

Porque eso es crecer: esa sensibilidad va unida al desarrollo de la civilidad. Yo no pido que los toros se prohíban. Sólo te digo: párate y mira. Es lo que la gente está haciendo, por otra parte. En 1978, en España había un 45% de aficionados. En 2008, sólo un 28%; y entre los jóvenes, sólo un 19%. Esto se está acabando. Por eso salen firmando manifiestos.

dilluns, 29 de desembre del 2008

SE ASAN ANIMALES

Article de Ruth Toledano publicat a El País el 26/12/08:

Como se acercaba el 25 de diciembre, fun fun fun, nos fuimos al norte de visita familiar prenavideña. En los tejados y los rincones de la ciudad aún quedaba una espesa capa de la nieve que cayó hace unos días. La mañana era fría, pero lucía un sol espléndido y salimos a pasear. Pasamos primero a comprar pan, a la vuelta de la esquina, porque dijeron que ahí era muy rico, de horno de leña o algo así. No entramos. En la puerta de la tahona habían pegado un cartel: "Se asan animales". Todo en mayúsculas. En ese momento, una señora abrió esa puerta, con una baguette en una mano y, en la otra, la correa de su Yorkshire, que salía vivo. Juro por mis muertos de muerte natural que ella llevaba un abrigo de visón. Volvimos a mirar el cartel: "Se asan animales". Todo en mayúsculas y con una caligrafía escalofriante.
Sentíamos lo que sentimos siempre nosotros, los vegetarianos, ya nos
conocen: repugnancia y tristeza. Pero además un profundo desconcierto: nunca
habíamos visto eso que rechazamos expresado de manera tan cruda. Quizás
habíamos pasado ya, sin prestarle atención, por delante de un restaurante
con un gran cartel que dijera "Asador"; de hecho, ya nos habíamos detenido
ante el escaparate de una tienda con productos delicatessen, exquisitamente
decorado, en el que las piezas de fruta más seductoras y las bebidas más
escogidas se mezclaban con fiambres y foies cuyo cruel origen estaba
convenientemente disfrazado de lujo y distinción. Acostumbrados a ciertas
imágenes y a determinadas palabras, dejamos de ver lo que significan: siendo
lo mismo, el escaparate del gourmet disimulaba con finura lo que el cartel
de la tahona nos había mostrado en su más grosera naturaleza.


Pero estábamos de visita navideña a la familia ("tengamos la fiesta en
paz"), así que continuamos nuestro paseo con toda la placidez que nos
permitieron las imágenes que seguían asaltándonos ("Se asan animales": y no
veíamos sólo corderos y conejos y cochinillos -animales-, sino también
yorkshires y labradores y bulldogs franceses -animales- y gatitos siameses y
atigrados y de angora -animales- y hurones y hámsteres y periquitos
-animales-. Yo los veía a todos haciendo cola, algunos con sus collares y
sus correítas, muy formales, en fila como quien va a llevarse una baguette,
esperando su turno para ser asados en ese horno de leña o de algo así donde
es famoso el pan porque sale riquísimo). Entonces nos llevaron a ver el
Belén gigante. Con su José y su María y su niño, como es natural; y sus
hilanderas y sus pastores y sus campesinos y sus soldados y su molino con
agua corriente de verdad. De verdad eran también unas ovejas de cara negra
que asistían a su propia escena con envidiable serenidad y unos ponis de
pelo largo que estaban atados dentro de un cercado y daban la espalda a los
niños que los observaban con admiración, ignorantes, porque ninguno de los
adultos presentes se lo contaba, de 
que aquel corderín tan mono y que daban
tantas ganas de abrazar quizás iba a ser asado por la tarde en la tahona

donde se compran las baguettes. Yo tampoco dije nada ("tengamos la fiesta en
paz").

Hace pocos días la policía desmanteló un matadero clandestino en Villarejo
de Salvanés. No lo hizo porque dieran ganas de abrazar a las ovejas y a sus
bebés sino porque los tres miembros de la misma familia que fueron detenidos
estaban haciendo el agosto navideño distribuyendo en toda la Comunidad de
Madrid corderos, para asar, sin control sanitario ni veterinario, sin
registro ni medidas higiénicas e incumpliendo las más mínimas normas de
"sacrificio". Para estas fiestas tan entrañables, el matadero mantenía una
intensa actividad: dentro de la nave había más de un centenar de cadáveres y
otros tantos corderos vivos esperando su turno, nos podemos imaginar que en
un ambiente distinto al del Belén gigante que hacía las delicias de los
niños. Por 200 euros, a su vez, podía usted hacerse con un cerdo completo en
el matadero ilegal de Colmenar Viejo que también ha desmantelado la Guardia
Civil. Medicados con antibióticos caducados y alimentados con leche podrida
pero, cómo no, convenientemente troceados si ese era el deseo de usted.
Dicen que 
en el momento de la detención había seis cochinillos, es decir,
seis cachorros, listos para matar
 y que "la manipulación" se realizaba de
cualquier manera. Lo cuento porque supongo que a los carnívoros les
interesarán estas informaciones, aunque por distintos motivos que a mí. Pero
la vida sigue, también para los vegetarianos, así que, feliz Navidad. Y si
ustedes creen que he pretendido amargarles el pavo, están en lo cierto: era
mi intención. Para que tuviéramos la fiesta en paz.